miércoles, 13 de agosto de 2014

Conversando contigo




Comenzaré por confesarte que en mi mente he conversado contigo muchas veces. Y que nos hemos comprendido también como cuando conversamos en las tardes en que no existe nadie más que nosotros.

Me gusta conversar contigo. Me gusta que charlamos sin competir, sin ningún interés distinto a compartirnos. Me gusta la atmósfera que creamos: esa intimidad, ese lazo invisible entre los dos que nos une. Me gusta que nos entendemos y aceptamos sin pretender cambiar al otro.

Me gustan nuestras conversaciones, porque es igual a caminar un territorio que conocemos, porque es nuestro mundo, ese secreto lugar donde somos.
Conversamos, porque es nuestra manera de unirnos más, de confiar el uno en el otro, de conocernos siempre un poco más, de sentirnos seguros con el otro.

Me gusta conversar contigo, porque sólo es entre los dos. Y el universo es nuestro y descubrimos que no estamos solos, que los dos somos como uno.
Me gusta conversar contigo mientras caminamos, o bailamos, o mientras comemos o cuando estamos sentados en un café al aire libre viendo pasar el mundo frente a nosotros.

Cuando converso contigo sé que ya nunca más estaré solo y que la vida se hace conversando. 

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