viernes, 19 de diciembre de 2014

Un mundo de sueños





Yo soy un mundo de sueños, mi familia, un par de amigos de siempre, y más sueños; Bogotá, Bonn y esos lugares del mundo que saben que yo me he jugado mis sueños por el amor; horas y horas de lectura, de música, de dudas y pensamientos, charlas maravillosas, las caminadas y el mar, los amaneceres en la Sabana de Bogotá, y los recuerdos tal y como los llevo en mi memoria; las mil tristezas y las derrotas; y el viaje, el interminable viaje de la vida; las noches y los bailes, el verano y enero en Bogotá; y siempre más sueños y por último y más importante: tú, mi amor, mi gran amor, mi irremediable amor. 


La foto la tomé el 8 de diciembre de 2014 en Bonn. 

lunes, 24 de noviembre de 2014

El tiempo pasa

"Cada viajero perfecto siempre crea el país al que viaja."

Nikos Kazantzakis

Al mirar atrás veo que el tiempo  pasó para el viajero que fui. El tiempo estaba ahí dispuesto a hacer conmigo el viaje de la vida; nos acompañamos en las buenas y en las malas. Me aventuré a ser como creía que quería ser y fui en busca de algo que no sabía si existía o no: el amor y la felicidad. Los  encontré, creí que eran míos, pero eran quimeras. Soledad es lo que he tenido, ha sido mi riqueza y mi infortunio. 

He viajado por el tiempo en busca de mí, en busca de de ese algo que me haga único y en esa búsqueda me encontré con ella. Ella que era mi otro yo. Mi eternidad. Creé países enteros con los sueños que esperaban en la piel de ella. Me dejé vivir intensamente por el amor. Dejé muchos yos en sus brazos. Ella me dejó en busca de su destino.

Soy un ser de tiempo. No soy de ningún lugar, soy de donde esté. Soy un viajero y soy casi un desconocido para mí. Soy efímero. Me intuyo en los otros y la amo a ella. La vida la he aprovechado y desaprovechado, que es la única forma en que puedo ser. Dejé escapar el tiempo, el amor, la fortuna más de una vez y al final me salvé de la derrota.

He vivido varias vidas; he sido varios yos tan diferentes, tan felices a veces, tan tristes otras, siempre curiosos, siempre buscando el nuevo día, interesados todos en conocer, en entender, amando y siendo amados. Viajé a través de la  vida y creo que la eternidad existe, aunque yo muera. 

Sé lo maravilloso que es estar vivo, a pesar de los dolores, de las tristezas, de los abandonos, de los adioses y de los fracasos. 

La eternidad de la vida y del amor quedan en los otros, aunque de la vida de ella y de la mía un día no quede nadie para acordarse. 

jueves, 20 de noviembre de 2014

El amor es eterno




El amor es eterno. Nosotros somos pasajeros, efímeros y fugaces. No alcanzamos a llegar, cuando ya nos vamos. Siempre estamos partiendo. La llegada es la partida. 

Todo lo que logramos lo volvemos a perder. Por un instante nos es dado el éxito, la felicidad,  la gloria y la eternidad. Luego, todo se va, se acaba, se transforma, se disuelve. Y ya no es. Así es nuestra vida. 


Pero el amor queda. Enorme, inconmensurable, eterno, ilimitado. El recuerdo del amor es espeso, denso y nos envuelve del todo hasta aplastarnos. 


El amor nos deshace. Nos devuelve a la nada. Nos recuerda que estamos acá por un instante de eternidad y nada más. 

jueves, 13 de noviembre de 2014

Vivimos disfrazados


Vivimos disfrazados y disfrazados morimos. De cuando en cuando logramos quitarnos el disfraz y ser nosotros. Al fin ser. Pero sin disfraz no sale nadie a la calle. La calle exige disfraz.

En Bogotá me disfracé por primera vez a los cuatro años de alumno de colegio. Disfraz que me acompañó hasta el día de la graduación. Con ese disfraz llevé vidas paralelas entre el aburrido aprendiz de idiomas imposibles, pasando por el de silencioso alumno que dormía con los ojos abiertos hasta el de amigo de mis amigos, donde podía quitarme el disfraz y ser yo.
La amistad es lo mejor que me dejó el colegio.

Luego me disfracé de estudiante de arquitectura y de derecho. Descubrí que copiar era una forma de crear y de llegar al éxito y que el delito era la línea más corta entre la codicia y la riqueza. Ya entonces noté que no me gustaban los disfraces.Menos el disfraz que mi casta usaba para quedarse con todo. 

Para ganarme la vida me he disfrazado mil veces; y mil veces he detestado ese disfraz. Ganarse la vida es irremediable y jartísimo.
Hubiera sido mejor y más feliz si hubiera tenido la semana para vivir y los fines de semana para disfrazarme de trabajador.

El disfraz de publicista fue el más divertido y contradictorio. Nunca pensé que sería sumo sacerdote del consumismo. Debo reconocer que fui feliz inventando universos de ideas e imágenes para satisfacer las necesidades que les habíamos creado a los consumidores explotando sus miedos, sus dudas y su confianza.
Era un pequeño dios de las pompas de jabón. Pude sentir la necesidad de la gente por creer en algo, de sentirse protegidos por una mentira. De esos miedos que llevamos dentro es que nacen todas las violencias.

Necesitamos ser engañados para poder vivir. Así sepamos que todo es mentira. Ese es la razón por la cual adoramos los disfraces. Queremos ser ese otro que somos en los sueños.

Con los años me cansé de vivir disfrazado de exitoso, de niño bien, de asesor de imagen, de estratega de mercadeo, de ejecutivo moderno y que todo lo sabe mejor que los demás, de ser lo que no soy. Y dejé todo. Boté los disfraces de esa vida y me lancé a encontrarme. De tanto disfrazarme no sabía quién era o qué quería. Ser uno mismo es lo más difícil que hay. Hay que romper con todos y mantenerse al lado de uno. No es fácil. Cada vez que me encontraba con otro mi reflejo era ponerme una máscara. Disfrazarme. Poco a poco, me atreví a decirme quien era y que quería. Me descubrí. Me vi al espejo de la realidad y me gusté.

Ahora me disfrazo poco. Aunque me disfrazo como todos. Cada vez logro que el disfraz se parezca más a mí.

Hoy, en un jueves de otoño, la ciudad vestida de dorado y de frío azul en la mitad de noviembre, vivo en una ciudad disfrazada de exitosa y cosmopolita. Bonn, el pueblo grande con ínfulas de ciudad. Y también sé que un día volveré a disfrazarme.

Aprovecho el día, ahora que puedo, para ser ese yo que soy cada mañana de la semana cuando no estoy de viaje o de trabajo o ganándome la vida, disfraces irremediables, que tengo que usar para poder ser entre los otros. Pero ahora soy el que soy sin maquillaje ni pretensiones: piyama, café, croasán y nada más, nada de disfraz, para leer de nuevo poesía, y dejo que la magia de las palabras del poema de Fernando Denis „Beatriz“ me envuelva:

Hay tanto amor en cada cosa que veo,
en cada cosa invisible.
Enamorarse es ver lo que los otros no ven.
¿Cómo es posible que todos pasen
junto a ti
como si no te vieran
y yo me detengo a mirarte
para siempre?
¿Qué cosa ocurre en los demás que a mí
me falta para olvidarte?“

En el amor nunca me disfracé. Siempre fui yo. Fui amado y fui dejado. Conozco la fuerza implacable del amor y no me asusta. 


Miro los días de mi vida y sé que nos disfrazamos, porque tenemos miedo. 

viernes, 7 de noviembre de 2014

Decirte adiós



Hoy vengo a decirte adiós, después de tanto tiempo de que tú me hubieras dicho adiós; porque antes no podía y ahora ya hay tanta distancia entre los dos que este adiós tengo que escribirlo para que lo recibas.

No sólo te digo adiós, sino le digo adiós a ese que fui contigo. 

Le digo adiós a la eternidad que compartimos, a las palabras, a los secretos de los dos y a la complicidad. Le digo adiós a un verano inolvidable y a los sueños que nos hicieron. A las eternas miradas tuyas y a los poemas que tanto te gustaban. 

Hoy voy a decirme adiós que es la manera más triste de decirte adiós. 

Hoy me despido de esos dos que éramos; mientras el amor olvidará que un día tú y yo fuimos un sólo destino. 


Hoy voy a decirte adiós y tengo un nudo de tristeza en mi garganta...

domingo, 2 de noviembre de 2014

Enamorarse




Enamorarse es sentir el universo latiendo en mi corazón. Es llenarme de alegría. Es regresar al verano eterno. Es respirar de nuevo, dejar que la brisa bese mi cuerpo y mi alma. Es extender las manos al cielo para al fin rozar el infinito. 

Enamorarse es correr, correr de nuevo, libre como un niño. Es caminar bajo la lluvia empapado de dicha. Es despertar y saber que el día es maravilloso, porque existes tú. 

Enamorarse es vivir la eternidad, como si el tiempo se detuviera a mirarnos, como si el universo girara a nuestro alrededor.

Enamorarse es dejar de contar los días y sus tristezas. Es olvidar todo, salvo tú.

Enamorarse es decir tu nombre y sentir que la felicidad eriza mi piel. Enamorarse es voltear a mirar al resto de la humanidad y sólo ver tu rostro, oír tu risa que me sigue a todas partes. 

Enamorarse es dejar que tu mirada sea el único cielo en el que quiero estar, en el que pienso todo el tiempo.

Enamorarse es volver a vivir. 

Enamorarse es ser el territorio más amado de tus sueños.

Mi dulce compañía




En tardes como hoy, mi soledad y yo nos sentamos a leer un libro o salimos a caminar. Más tarde vemos televisión o comemos algo ligero en el balcón, si aún sale el sol y no hace frío. Se podría decir que somos una pareja. No tenemos peleas ni nos agarramos de las mechas. No hay miradas de reproche ni indirectas. La soledad no se molesta nunca conmigo, tampoco dice nada. Es callada, muy callada. En tardes como éstas es la única que me hace compañía. Entenderás que ella sólo está conmigo, porque tú no estás. Así que solo, lo que se dice solo, sí estoy.