martes, 8 de julio de 2014

La lluvia





La lluvia es parte de mí.

Desde que tengo memoria, la lluvia ha sido parte de mi vida. Me he empapado tantas veces caminando o corriendo bajo ella. Me gusta su frío, su olor a aire fresco, su memoria húmeda a Sabana de Bogotá, a campos de trigo y cebada en mi niñez, al musgo de las montañas, a eucalipto tembloroso y a urapanes. La lluvia es la vida.


Tantos aguaceros bogotanos llevo en mi memoria. Los mejores aguaceros del mundo. Recuerdo la casa de papá y mamá inundada por una lluvia torrencial y mientras todos apurados recogíamos el agua en baldes, mi hija de dos años nunca estuvo tan feliz como ese día en que descubrió que los tapetes de la casa habían aprendido a nadar.

Amo la lluvia, verla, oírla, sentirla, empaparme bajo ella como quien se cubre de vida. La lluvia es maravillosa.


Todo esto porque es julio, estamos en verano y en Bonn hace veinticuatro horas no ha parado de llover. 

lunes, 7 de julio de 2014

El olvido




Mi vida atesora olvidos. No sé si todos son de ella. Sé que no recuerdo todos los amores y nombres que un día fueron mi vida. Ahora son como un río seco que recorre mi memoria, que la deja desierta, partida en espacios sin nada. 

Salvo eso que he decidido en llamar su olvido. Ese posible  olvido de los dos. Algo queda, esa sensación de que quizá ella estuvo por un tiempo en mi memoria, que caminó mi vida, pero que ya no es parte de mí. 

No la recuerdo, lo sé. Pero algo en mí se acelera, una intuición de que esa desconocida que me mira un día compartió sus sueños conmigo.

Un lugar de mi infancia



Hay un lugar de mi infancia donde la maravillosa lluvia no ha dejado de caer, donde el frío aún me hace tiritar de alegría, donde mis sueños aún montan en una bicicleta pequeña y atraviesan mis pocos años en busca de las imágenes que se han quedado para siempre atrás.

Hay un lugar de mi infancia donde hoy todo parece perfecto, grande y eterno. Un lugar donde los brazos de mamá y papá son puertos seguros, refugio de mis miedos y tristezas.

Hay un lugar de mi infancia donde sé que volvería a ser feliz.

Foto de un ni
ño corriendo bajo la lluvia en la Habana

¿La justicia sólo para los de ruana?




¿La justicia sólo para los de ruana?
"Establecemos reglas para los demás y excepciones para nosotros."

Semana y El Espectador defendiendo al delincuente Andrés Felipe Arias cuestionando los fallos de la Corte Suprema. 

Los fallos judiciales sólo son válidos para la indiamenta y no para los delincuentes de cuello blanco, según estos "expertos en derecho".

„ Empero, aunque lo nuestro no es controvertir al desgaire fallos judiciales sin el conocimiento detallado de los casos, la magnitud de los delitos y las penas que podría soportar sí lucen desproporcionadas.
Primero, porque contratar con entidades internacionales la administración de proyectos es práctica común y legal en el servicio público. Ya se ha dicho en estos días que tanto antecesores de Arias como su inmediato sucesor en la cartera de Agricultura han hecho contrataciones equivalentes con el mismo IICA. Y en cuanto a los beneficiarios, no sólo han aceptado en conciliaciones judiciales que engañaron al ministerio con los fraccionamientos, sino que además la mayoría ha regresado el dinero. Es decir que, como también se ha dicho esta semana, Arias no se robó ni un peso y la acusación de que se habría beneficiado para la financiación de su campaña no hace parte de la decisión.“

Editorial de El Espectador del 7 de julio de 2014

„El problema comenzó cuando estos últimos decidieron fragmentar sus predios para obtener más ayudas de las permitidas. Ese fue el caso de las familias Dávila, Vives, y de otras seis familias que fragmentaron sus predios e hicieron todo tipo de piruetas para lograr subsidios del orden de 26.400 millones, según dijo en su momento la fiscal Viviane Morales. La exreina Valerie Domínguez, novia de Juan Manuel Dávila, acabó convirtiéndose en el símbolo de ese escándalo por cuenta de haber prestado su nombre para uno de esos malabares.

Esos ocho casos y los 26.000 millones de pesos generaron una gran indignación nacional y se convirtieron en uno de los mayores escándalos del gobierno de Álvaro Uribe. Sin embargo, en términos generales el programa Agro Ingreso Seguro funcionó. Los goles del escándalo no representaron ni siquiera el 3,5 por ciento del total de los recursos invertidos. Y aun en esos casos está probado que sí se invirtió para el riego de los cultivos. El otro 96,5 por ciento cumplió con los objetivos trazados. El programa benefició a 316.000 familias campesinas, la mayoría de bajos recursos, y alcanzó a impactar cultivos en más de 1 millón de hectáreas.

Por todo lo anterior, ha creado cierto desconcierto que el exministro de Agricultura esté ad portas de pasar muchos años tras las rejas sin haberse robado un centavo. Más sorprendente aún si se tiene en cuenta que los que se beneficiaron de ese engaño al Estado han sido condenados a penas irrisorias y casi no han pasado ni un solo día en la cárcel. Los delitos que la Corte Suprema de Justicia le imputó a Arias son dos: 1) Peculado por apropiación a favor de terceros y 2) Celebración de contratos sin los requisitos legales.“

Artículo de Semana del domingo 6 de julio de 2014

miércoles, 25 de junio de 2014

Hoy soy todo tuyo



Hoy soy todo tuyo. Te pienso, te siento, te vivo, te recuerdo, te suspiro, te extraño, te echo de menos, te quiero. Hoy eres mi todo. Hoy eres tú quien vive en mí. Hoy te quiero como si estuvieras junto a mí. Hoy me dueles por todo el cuerpo. Hoy soy pura melancolía, tristeza pura. Hoy el día es tuyo. Mi universo está detenido mirando al tuyo de cerca. Hoy el aire huele a ti. Hoy estoy enamorado. Hoy estoy solo. Hoy eres tú quien camina mi recuerdo. Hoy como siempre, te amo. 

martes, 24 de junio de 2014

Yo devoro mi existencia



"Yo devoro mi existencia con un apetito insaciable. Cómo terminará todo esto, lo ignoro." 
P. Paolo Pasolini


Esta serena calma, este aceptar que el pasado ya no
es, este no dolerme el ayer, esta alegría tranquila, este monótono vivir, este aceptar las derrotas, este disfrutar el instante, este ser yo mismo, este no aparentar ni lo bueno ni lo malo, este saber que nada es para siempre, este no tener que morirme de la dicha ni de la tristeza, esta certidumbre de que en toda gran alegría hay una sombra de tristeza y en toda gran tristeza no se extingue del todo la alegría, este despertarme maravillado de estar vivo, esta necesidad de ponerme las gafas primero que todo para poder ver, este ya no poder bailar seguido más de un cuarto de hora sin cansarme, este no querer más de lo que soy, este estar satisfecho con lo que tengo, este saber que los fracasos fueron muchos y los éxitos pocos, este al fin poder hacer lo que yo quiero, lo que yo soy, este no sentir envidia ni dolor por lo que nunca fue, este ya no tener que ser el más de los mases, este no ponerme furioso por más de dos minutos, este no importarme lo que no me importa, este caminar y caminar sin afanes, este disfrutar del bullicio de los niños del barrio disfrutando del verano, este no querer ser el mejor siempre, este no querer imponer nada a nadie, este seguir siendo un soñador, este no esperar nada distinto a que el día me envuelva y me deje ser parte de la vida, este saber que para cinco personas que yo amo soy imprescindible, este placer de tener dos amigos de verdad, este haber escogido el recuerdo de los buenos días y las mejores noches y no las diez mil cosas malas que me pasaron, este poder reírme de mí mismo y de los demás, este no dejarme apabullar por lo políticamente correcto, este negarme a llamar a los maricas gays -palabra que me parece una maricada-, este poder no ser yo cuando me aburro de mí, este decir lo que pienso y este callar lo que pienso, este haber logrado tanto sin joderme a otros, este querer a tantas amigas que me quieren, este saber todos los cuentos con los que nos quieren engañar, este dejar que la vida llueva sobre mí, este montón de cosas y ese montón de cosas que no he nombrado, yo estoy seguro de que son la horrible vejez. 

sábado, 21 de junio de 2014

Dolce far niente




Nada mejor que ser parte de la dolce far niente de un largo puente.

Madrugo a desayunar en el balcón viendo cómo la naturaleza se despereza y se llena de vida. Mientras mi esposa y yo oímos entrevistas e informes en la radio y los croasanes calientes se derriten en la boca. El jugo de naranja fresco en la mesa me espera. Disfrutamos de una  charla tranquila. Luego salimos a caminar. Nos gusta dar largas caminadas por el parque de la Rheinaue, a orillas del Rin en dirección a Königswinter o por el Villenviertel de Bad Godesberg con sus mansiones.Luego sentarnos en un Biergarten a tomar una cerveza y comer salchichas y pommes frites. Ver pasar la vida. Estar allí en medio de todo en silencio empapándonos de mundo.

Pasamos las tardes sentados uno cerca al otro leyendo libros. Estoy leyendo un best sellers de esos que me gustaban tanto a los catorce años sobre la Segunda Guerra Mundial „How far the road home“ de Alan Gifford. Un libro, sin más pretensión que entretener, sobre el amor de una joven americana y un prisionero alemán en Estados Unidos que lo único que quiere es que acabe la guerra y regresar a casa.

Soy un negado para los idiomas. Por eso me sorprende una y otra vez el que pueda leer y escuchar alemán como si fuera castellano. Como si fuera mi segunda lengua materna. Para mí es un milagro inexplicable.

Vemos anochecer en el balcón mientras los niños del vecindarion juegan en los jardines, montan en cicla, corren y se mojan con agua. La alegría de la vida hecha gritos, carreras y risas.

Y para la noche preparamos maíz pira para comerlo mientras vemos el Mundial o baílamos por el apartamento al ritmo de los Melodicos o de la Billos Caracas Boys.


Los días son interminables y maravillosos. El mundo parece estar bien y todo en orden. Pero a miles de kilómetros las guerras siguen.

Mientras en este burgués barrio de Bonn la vida está detenida en la felicidad.