martes, 12 de febrero de 2013

Descubriéndonos y encontrándonos






El joven se ha parado a mirar a dos ardillas que cruzan corriendo la calle. Una se ha trepado rauda al árbol frente a mi ventana y la otra se ha perdido detrás de las matas del jardín. No es muy usual ver dos ardillas juntas y menos en una mañana de invierno, pienso mientras el joven, que lleva una chaqueta gruesa negra de invierno, guantes y gorro de lana contra el frío, se ha perdido de nuevo en la música que oye. Sigue su camino hacia la parada del bus. En Alemania se va al colegio hasta los veinte años. Así que no es raro ver jóvenes hechos y derechos que todavía van al colegio.
Un hombre de unos cuarenta años, abrigado de los pies a la cabeza de negro, sale del edificio de enfrente y desde la distancia le quita el seguro a su Mercedes. Es uno de los miles de ejecutivos que en este mismo instante en toda Alemania se ha levantado, besado de afán a la esposa y tomado müsli de desayuno, que sale afanado para llegar a la próxima reunión de ventas, o que manejará un par de horas por la autopista para visitar un cliente muy importante y otro que simplemente está apurado para poder justificar su sueldo a fin de mes.
El 611, el bus que hace la ruta que pasa por el barrio, cruza frente a mi ventana y sigue su viaje por la Kennedyallee. Va lleno de colegiales, estudiantes, trabajadores, extranjeros y un par de ancianos que charlan animadamente en la silla de adelante. Los buses son un microcosmos de la sociedad inivisible. Los que hacen posible que el mundo funcione. Pero también son los que casi nadie tiene en cuenta, salvo en época de elecciones. Acá también los que no son ricos son menos importantes, como en todo el mundo.
El cura play de Bad Godesberg, con sus ínfulas de Don Juan al servicio de la iglesia, pasa veloz en su Audi deportivo rumbo a la iglesia de San Eufrasio que queda junto al Rin. Sonrío al pensar en la vanidad tan obvia del cura que sirve a un dios que nació en un pesebre. Pero el cura es humano, no una divinidad.


El cielo está despejado y de un azul metálico, típico de una mañana como la de hoy en que hacen menos cinco grados de temperatura. Veo las estelas blancas que dejan sin descanso los aviones que llevan y traen destinos y tragedias de aquí para allá. Cada día hay miles de vuelos sobre Alemania. Este país está en permanente movimiento. Es imparable.


Todos los días madrugo para no perderme el despertar de esta ciudad pequeña y rica a orillas del Rin, que con el tiempo se ha vuelto mi hogar. Mientras me tomo mi café, observo los afanes, los sueños y los quehaceres de la gente a través de la ventana.
Observar a los otros es verse a uno, aprenderse. Preguntarse por la razón de nosotros ¿Qué hace que una persona haga una cosa y no otra? ¿Qué hace que a mí me guste algo que a otro no? ¿Por qué somos diferentes siendo tan parecidos? ¿Somos libres o sólo reacciones químicas? ¿Somos individuos o sólo una parte de un todo? En fin, muchas preguntas que se han hecho todos los seres humanos en algún momento, tanto los sabios como los necios, los ricos como los pobres, los bellos como los feos, los jóvenes como los viejos, las mujeres como los hombres y yo desde que entendí que siendo parte de los otros era distinto a los otros.


Vivimos descubriéndonos y encontrándonos. Nos estamos haciendo sin cesar. Nos transformamos y cambiamos de ser. Dejamos atrás lo que fuimos y, sin embargo, seguimos siendo nosotros. Somos seres en permanente cambio.
Sumados somos una infinidad de posibilidades en continuo crecimiento y cambio. Somos perecederos como individuos y quizá en grupo podamos tener una oportunidad de perpetuarnos.

En estos días he leído de nuevo a Andrés Holguín y a él le gustaba mucho por su belleza una cita, escrita hace ya cinco siglos, de Pico della Mirandola sobre qué es el hombre, y que a mí también. Acá se las dejo.

No te he dado rostro ni lugar alguno que sea propiamente tuyo, ni tampoco ningún don que te sea peculiar, oh Adán, con el fin de que tu rostro, tu lugar y tus dones seas tú quien los desée, los conquiste y, de este modo, los poseas por ti mismo. La naturaleza encierra a otras especies dentro de unas leyes por mi establecidas. Pero tú, a quien nada limita, por tu propio arbitrio, en cuyas manos yo te he entregado, te defines a ti mismo. Te coloqué en medio del mundo para que pudieras contemplar mejor todo cuanto el mu8ndo contiene. No te he hecho ni celeste ni terrestre, ni mortal ni inmortal, a fin de que tú mismo, libremente, a la manera de un buen pintor o de un hábil escultor, remates tu propia forma“.

lunes, 11 de febrero de 2013

Ciudades sumergidas en la niebla





La señora Von Bummel, mujer alta hasta la exageración, pelo alborotado pintado de nórdica, bronceado de mujer que le da la cara a los años, ha abierto la puerta del edificio mientras hace malabares con los paquetes de la compra. Maneja un Porsche rojo que parquea cada tarde a la misma hora frente al edificio, y sale como una Walkiria de él. Es enorme y decidida. Mientras cierra la puerta gira y me mira. Sonríe y me saluda „Herr Guzmán, draussen friert!“ Es cierto. Al abrir la puerta se ha colado un ventarrón helado que me abraza con descaro. He bajado a recoger el periódico. Me gusta desayunar mientras leo periódicos. Le devuelvo el saludo y hago un gesto para ayudarla con los paquetes, pero se niega. A los alemanes no les gusta que los ayuden si no es necesario. La veo mayor que yo, pero es probable que sea de mi edad. Me temo que con los años he perdido la capacidad de verme reflejado en los otros viejos que como yo vivimos en este país. Le sonrío, me despido y subo las escaleras. Quiero desayunar. Necesito sentir el agradable calor del apartamento. Afuera sigue el frío del amanecer.

El viento es lo que hace que el frío del invierno se sienta tan helado, que quema. Y hoy recorre alocado las calles buscando a ciegas por las ramas de los árboles o detrás de las paredes a alguien en quien cobijarse, con quien compartir la ausencia de sol.
El frío no es tristeza. El frío nos recuerda la necesidad que tenemos de los otros. Cuando llega el frío es el momento de correr hacia quienes amamos y decírselo antes de que sea demasiado tarde, pienso mientras entro a la oscuridad de mi apartamento. Me he acostumbrado a andar a oscuras mientras amanece para ver cómo cambia el cielo y la ciudad se llena de luz.

De niño, cuando sentía frío, corría a los brazos de mamá. El frío desaparecía por encanto entre sus besos y abrazos. Desde esos días han transcurrido muchos fríos, muchos días, muchos amores y demasiadas ausencias. Pero aún recuerdo que la Bogotá de mi niñez era fría, lluviosa, verde y tranquila.

Esta mañana, el frío ha amanecido acostado en los jardines, recostado en los techos y sobre los carros. Es un frío blanco, erizado y cristalino que lo cubre todo. Observo desde la ventana al frío que silencioso, alerta, respirando tranquilo espera a alguien a quien acompañar por el camino. Estoy parado detrás de los cristales, e imagino todos los universos que hay más allá bajo este mismo cielo que poco a poco deja la oscuridad y se despereza.

Las luces de la mayoría de apartamentos sigue apagada. Hoy es el Rosenmontag. La cumbre del carnaval: el desfile final. He estado en varios desfiles bajo la lluvia, helado hasta la raíz del pelo, bajo un cielo gris, húmedo y, sin embargo, embriagado por el ambiente de alegría y euforia de la gente. Son cientos de miles los que salen a esperar el paso de las carrozas y las comparsas que van tirando Kamellen, dulces, sorpresas y flores. Los niños son los que más disfrutan de las toneladas de dulces que ese día se lanzan a la multitud. Todos regresan a casa con bolsas llenas de cosas. Hay dulces para meses, digo yo.
El viento frío arrecia afuera. Las ramas de los árboles se mecen sorprendidas por la fuerza del viento. En las ventanas golpea el frío y se asoma a mirarme. Menos mal no tengo que salir hoy, pienso, y me siento a leer.

Hoy he leído un texto de Víctor Paz Otero que me ha gustado:

Nunca he estado aquí. Nunca nada ha sido mío. Ese ajedrez atormentado que me aguarda jamás ha enfrentado conmigo una partida. Esas ciudades sumergidas en la niebla. Esos libros amargos que esconden los secretos. Ese espejo sin fondo donde permanecen vivas todas las imágines. Todo este universo, y los otros universos, todo es ilusorio y no me pertenece. En esta ausencia pura que me cubre, sólo tu cuerpo enamorado es existencia.“


Mi corazón mira la ciudad sumergida en la niebla que un día fue el hogar del amor. ¿En qué ciudad andarás tú y qué niebla te esconderá de mis recuerdos?

sábado, 9 de febrero de 2013

A los seis años





A los seís años tenía una pequeña bicicleta verde con esos frenos coaster, que para frenar hay que echar para atrás el pedal. En ese tiempo vivíamos en el campo, porque papá quería realizar su sueño de granjero. Recuerdo que una tarde en que hacía un frío tremendo y llovía, le dije a mamá que quería salir a montar en cicla. Mamá al principio no quería porque pensaba que me resfriaría. Tanto insistí que al fin me dio permiso. Me puse una chaqueta contra la lluvia, me monté en la cicla y salí a la calle. Pedaleaba con todas mis fuerzas contra el viento y la lluvia. Pronto estuve empapado hasta los huesos. Después de un rato, el frío y la lluvia helada de la Sabana me hicieron volver a casa. Esa noche tuve el resfriado más feliz de mi infancia.

Debe ser la nieve lluvia que cae en este momento sobre Bonn la que hizo que me recordara de ese instante de mi niñez. La ciudad sigue a oscuras a pesar de que ya son más de las seis. Afuera está helando. La ciudad duerme la resaca de la noche de las mujeres que se celebró anoche. Hace dos mil años en este sitio en el que hoy vivo estaba acuartelada una legión romana con cerca de cinco mil legionarios encargados de defender el Limes, la frontera del Imperio con los germanos. Del lado occidental del Rin estaba la civilización romana con su esplendida ciudad Colonia Agripinensis, hoy en día Köln en alemán, o Colonia en castellano. Sueño con comprar un terreno por acá y ponerme a excavar. Bajo el suelo alemán hay mil historias por contar. Lo mínimo que se encuentra uno es una bomba de la Segunda Guerra Mundial o si tiene suerte un templo romano. 
 
Estamos en el momento cumbre del carnaval. La ciudad está llena de personas disfrazadas, un poco o muy bebidas, felices y gritonas. El lunes es el Rosenmontag. Colonia, que es la ciudad hermana mayor de Bonn, se llena de más de un millón de turistas que vienen a festejar el desfile del carnaval.

El miércoles de la semana entrante es miércoles de ceniza que da comienzo a la cuaresma. La ceniza, que está hecha de las cenizas de los ramos de pascua del año anterior, se impone para recordarnos que somos pasajeros. La cuarema son los cuarenta días antes de Pascua que simbolizan los cuarenta días que vivió Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública. También nos recuerdan los cuarenta días que duró el diluvio y los cuarenta años que vagó el pueblo judío por el desierto antes de llegar a la Tierra Prometida.

El viaje a Londres tuvo un aterrizaje forzoso y fue pospuesto indefinidamente.
En fin, la vida continua.
Éste será un fin de semana casero, de familia, de almuerzos hechos a ocho manos, de sobremesas interminables hablando de lo divino y humano, de ver tele juntos cubiertos por edredones y de dormir hasta que San Juan agache el dedo.
Leeré, escribiré, pensaré y miraré a ratos por la ventana ese otro mundo que no es mi mundo, ese que llamamos el mundo real y que afuera espera impaciente por mí.
Son cuatro días para dejar la realidad fuera de mí, para disfrutar lo único que he hecho bien en mi vida: vivir como he querido.

Una vez más tendré el placer de leer ese poema de Piedad Bonett que tanto me gusta:


Nunca fue tan hermosa la mentira
como en
tu boca, en medio
de pequeñas verdades banales
que eran todo
tu mundo que yo amaba,
mentira desprendida
sin afanes, cayendo
como lluvia,
sobre la oscura tierra desolada.
Nunca tan dulce fue la mentirosa
palabra enamorada apenas dicha,
ni tan altos los sueños
ni tan fiero
el fuego
esplendoroso que sembrara.
Nunca, tampoco,
tanto dolor se amotinó de golpe,
ni tan herida estuvo la esperanza.

Piedad Bonnett



La vida es un carnaval



Cada febrero me vuelve la duda de si disfrazarme o no. Y es que detrás de cada disfraz hay una historia de nuestros anhelos y sueños. También, de nuestras tristezas.

La primera nota escrita sobre el carnaval en Bonn data del año de 1585; y es una orden policial de príncipe elector Ernesto de Baviera para acabar con la
Bonner Fastnachtgesellschaft, la sociedad de la noche de carnaval o ayuno. Asunto que no impidió que los bonenses se divirtieran de lo lindo siempre que pudieron.
No hay que olvidar que ésta fue una de las regiones donde más brujas fueron quemadas durante las nefastas épocas en que la iglesia católica hacía y deshacía sobre el destino de los pobres seres humanos.
El carnaval organizado como se vive en la actualidad comenzó en 1825 con la fundación de la Bönnsche Karnevalsgesellschaft , sociedad del carnaval de Bonn.

Desde el jueves pasado a las once de la mañana hasta mañana cuando termine el desfile de carnaval, la ciudad fue, es y será una rumba completa con gente de todas las edades y grupos sociales disfrazados cantando, gritando, bebiendo y bailando.

Al llegar a Bonn pensé que no volvería a disfrazarme. Así que después de organizar mi nueva vida abrí un cajón del escritorio y guardé los muchos disfraces que había usado en mi vida hasta entonces.
En Bogotá me disfracé por primera vez a los cuatro años de alumno de colegio.Disfraz que me acompañó hasta el día de la graduación. Con ese disfraz llevé vidas paralelas entre el aburrido aprendiz de idiomas imposibles, pasando por el de silencioso alumno que dormía con los ojos abiertos hasta el de amigo de mis amigos, donde podía quitarme el disfraz y ser yo.
La amistad es lo mejor que me dejó el colegio.
Luego me disfracé de estudiante de arquitectura y de derecho. Descubrí que el delito era la línea más corta entre la codicia y la riqueza. Ya entonces noté que no me gustaban los disfraces.
Para ganarme la vida me he disfrazado mil veces; y mil veces he detestado ese disfraz. Ganarse la vida es irremediable y jartísimo.
Hubiera sido mejor y más feliz si hubiera tenido la semana para vivir y los fines de semana para disfrazarme de trabajador.
El disfraz de publicista fue el más divertido y contradictorio. Nunca pensé que sería sumo sacerdote del consumismo. Debo reconocer que fui feliz inventando universos de ideas e imágenes para satisfacer las necesidades que les habíamos creado a los consumidores explotando sus miedos, sus dudas y su confianza.
Era un pequeño dios de las pompas de jabón. Pude sentir la necesidad de la gente por creer en algo, de sentirse protegidos por una mentira. De esos miedos que llevamos dentro es que nacen todas las violencias.
Necesitamos ser engañados para poder vivir. Así sepamos que todo es mentira. Ese es la razón por la cual adoramos los disfraces. Queremos ser ese otro que somos en los sueños.

Con los años me cansé de vivir disfrazado de exitoso, de niño bien, de asesor de imagen, de estratega de mercadeo, de ser lo que no soy. Y dejé todo. Empaqué mis amores, mis tres ideas, mis dos libros y un deseo: jamás volverme a disfrazar, y me fui de esa vida.
Así llegué a Bonn: con una mano adelante y otra atrás.

Hoy, en un domingo nevado, la ciudad tiritando de frío y en mitad de febrero, estoy en medio de una ciudad disfrazada de carnaval . Y sé que un día volveré a disfrazarme.
Aprovecho el momento ahora que puedo ser ese yo que soy cada mañana de domingo: piyama, café, croasán y nada más, ni siquiera disfraz, para leer de nuevo poesía, y dejo que la magia de las palabras del poema de Fernando Denis „Beatriz“ me envuelva:

Hay tanto amor en cada cosa que veo,
en cada cosa invisible.
Enamorarse es ver lo que los otros no ven.
¿Cómo es posible que todos pasen
junto a ti
como si no te vieran
y yo me detengo a mirarte
para siempre?
¿Qué cosa ocurre en los demás que a mí
me falta para olvidarte?“

Fernando Denis 

viernes, 8 de febrero de 2013

Idea Vilariño , poesía de la buena









Carta II

"Estás lejos y al sur
Allí no son las cuatro.
Recostado en tu silla
Apoyado en la mesa del café
De tu cuarto
Tirado en una cama
La tuya o la de alguien
Que quisiera borrar
estoy pensando en ti no en quienes buscan
A tu lado lo mismo que yo quiero―.
Estoy pensando en ti ya hace una hora
Tal vez media
No sé.
Cuando la luz se acabe
Sabré que son las nueve
Estiraré la colcha
Me pondré el traje negro
Y me pasaré el peine.
Iré a cenar
Es claro.
Pero en algún momento
Me volveré a este cuarto
Me tiraré en la cama
Y entonces tu recuerdo
Qué digo
Mi deseo de verte
Que me mires
Tu presencia de hombre que me falta en la vida
Se pondrán
Como ahora te pones en la tarde
Que ya es la noche
A ser la sola única cosa
Que me importa en el mundo."


Idea Vilariño 

"Idea Vilariño (Montevideo18 de agosto de 1920 - idem, 28 de abril de 2009)1 poetaensayista y crítica literaria uruguaya perteneciente al grupo de escritores denominado Generación del 45. Dentro de sus facetas menos conocidas se encuentran la de traductoracompositora y docente.

Nació en una familia de clase media y culta, en la que estaban presentes música y literatura. Su padre, Leandro Vilariño (1892-1944) fue un poeta cuyas obras no fueron editadas en su vida. Al igual que sus hermanos Numen, Poema, Azul y Alma, estudió música. Su madre conocía muy bien la literatura europea.
Como educadora en ejercicio, fue Profesora de Literatura de Enseñanza Secundaria desde 1952 hasta el golpe de estado en 1973. Luego de restaurado el sistema democrático, desde 1985 fue docente en el Departamento de Literaturas Uruguaya y Latinoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República.
Escribió desde muy joven; y sus primeros poemas ya maduros fueron concebidos entre los 17 y los 21 años. Su primera obra poética, La suplicante, fue editada en 1945 sólo con su nombre. En años subsiguientes sería reconocida internacionalmente y premiada con distintos galardones. Sus poemas están marcados por una experiencia íntima, intensa y angustiosa, muy coherente siempre."

Biografía tomada de Wikipedia


jueves, 31 de enero de 2013

Aparte de "Regreso a Sevilla"







Para ella que me amó siempre


Pero un día llega el amor que lo cambia todo -pensó Joshua ben Gabriel- hebreo de Sevilla, sentado frente a su tienda mientras miraba el atardecer a las puertas de la ciudad. Regresaba después de tantos años de vivir en Mallorca
.
Tenía 57 años y volvía a su tierra natal para esperar en paz el resto de su vida. Llevaba en el exilio tanto que ya no recordaba cómo era la ciudad, sólo la soñaba con esa nostalgia interminable de los que no pueden volver.

Era la hora en que la tierra se va a dormir y los que ven quedan ciegos y los que sueñan, ven. El susurro del viento soplando entre los olivares y los chopos lo acompañaba y los cantos de los que en las otras tiendas acampaban con él a la espera de la llegada del sol para entrar a la ciudad, a Sevilla, junto al Guadalquivir, puerto de los amores y la vida de su familia por siglos.

El azar es la flor de las sorpresas. No sabes qué pasará, pero sabes que algo pasará. Esa es la vida mía. La que he vivido desde que tengo memoria.

Al partir a Mallorca para aprender al lado de mis tíos el arte de los negocios, de las matemáticas y la poesía, tuve que dejar mi primer amor, a Ruth. Una bella niña de grandes ojos, sonrisa traviesa y el pelo del color de los atardeceres. Nunca le hablé, sólo la miraba desde lejos. La observaba con mi corazón latiendo con fuerza mientras ella brincaba y saltaba por el patio de nuestra casa y después corría hasta el de la suya que estaba al lado y que compartíamos pues su padre era primo lejano de mi padre. Habían llegado desde el norte de África en busca de mejores posibilidades de vida en la ciudad de Sevilla, a nuestra casa.

Joshua ben Gabriel se retiró a su tienda y pidió a su sirviente que le despertará antes del amanecer. La noche pasó rápido. Aunque varias veces se despertó por la expectativa del regreso. Cómo estaría su ciudad, esa calle donde creció, la casa de su padre y de sus antepasados. Estaría todavía el jardín donde Ruth jugaba mientras el un hombre joven leía los poemas de los grandes. Estarían las palmeras que lo habían acompañado en sus caminatas por el borde del río.
Qué mundo nuevo le esperaba al regresar de los recuerdos a la realidad.

Don Joshua es hora de levantarse. La aurora espera por usted, le dijo su sirviente mientras le servía el exquisito té traído desde la lejana India y comprado por su primo Samuel ben Gabriel en el puerto de Tánger. La noche estaba oscura y llena de estrellas. Buen presagio, pensó Joshua. Dios está con nosotros. Vuelvo a la ciudad de mi familia, a mis raíces, a mi tierra. Se sentó frente a la tienda y esperó con tranquilidad a que el cielo se empezara a teñir del tenue gris de la madrugada. Siempre se sentía agradecido con dios por el placer de disfrutar cada mañana del renacer de la luz. Un momento en que se rencontraba con la armonía de la vida. Respiró profundo. Quería abarcar con sus pulmones el universo que se presentaba ante él. El cielo iba contorneándose en el horizonte. Los animales ya estaban en plena actividad. Los trinos de los pájaros no cesaban. Se imaginaba que se hablaban los unos a los otros contándose las vicisitudes de la noche que no volvería. Porque todos los seres vivos sentimos y nos comunicamos.

En Mallorca, en casa de su tío, Abraham ben Neftalí, arrendador de impuestos del rey, se seguía estrictamente las leyes de la Halajá y se seguía hablando árabe andalusí y romance aljamiado en casa. Aunque la lengua de uso con los cristianos de la ciudad era romance.

Su sirviente, Abdul Hassan, era hijo de un esclavo musulmán de su tío comprado en un viaje a la isla de Mallorca por negocios de lana y aceite de oliva que con sus ganancias sirvió para comprar el arriendo de los impuestos de la ciudad.

La casa del tío era de grandes muros hacía la calle en el call de Palma cerca de la sinagoga. Hacia afuera no se notaba la riqueza de la familia de Abraham ben Neftalí. Lo primero que encontraba el visitante era el jardín lleno de flores y el sonido continuo del agua que brotaba de las fuentes. Un remanso de paz con vistas al mar.
Durante esos años de aprendizaje en casa de su tío, Joshua oyó las historias de las hambrunas y de las pobres cosechas de los campesinos, de la Peste Negra que diezmó el campo y las ciudades, de la migración de la gente en busca de mejor vida hacia las ciudades donde no tenían que servir de siervos de los caballeros y nobles que los explotaban, de las riquezas amasadas por algunos hebreos y que generaban relaciones muy tensas con el resto de miembros de la aljama y de los caballeros cristianos que perdían poder día a día. Poder que era ganado por las ciudades y por el propio rey.

Joshua escuchó a su tío contar la historia de José Pichón, Yusaph o Yuzaf, quien fue nombrado por Enrique II de Castilla almojarife y contador mayor de la ciudad y del arzobispo de Sevilla.

En la aljama muchos eran los que le tenían envidia y fue denunciado ante el rey, quien le evitó la cárcel mediante el pago de 40.000 doblones. Los hebreos estamos acostumbrados a comprar la libertad y la dignidad con dinero. Es el único idioma que entienden los cristianos.

Tras la muerte de Enrique II, en el año de 1379, el nuevo rey se coronó en Burgos, a donde acudió José Pichón como muchos otros de los más prominentes de nuestra comunidad, dado que también tendría lugar allí la subasta de los impuestos reales.
Algunos de ellos en representación de varias aljamas, se presentaron al rey en el día de la coronación, y explicándole que había entre ellos un malsín, es decir, un informante y traidor que merecía la muerte según las leyes de nuestra religión, obtuvieron de forma indirecta un albalácédula real, que permitía la muerte de los malsines, sin especificar el destinatario de tal condena.
Posteriormente, la delegación tomó esta orden, y junto con varios líderes de la comunidad, se presentaron a Fernán Martín, verdugo del rey. Este último no dudó en cumplir el mandato real y a una hora temprana del 21 de agosto 1379, se dirigió, junto con Don Zulema (Salomón) y Don Zag (Isaac), a la residencia de Pichón, que todavía estaba durmiendo. Tan pronto como apareció a la puerta, Fernán echó mano de él y, sin decir una palabra, lo degolló,según la costumbre establecida en el gobierno interno de la judería.
Al enterarse de la muerte de Pichón, el rey Juan I, enfurecido, mandó ejecutar públicamente a Zulema, a Zag y al rabino jefe de Burgos, que también estaba en la trama;así como también mandó cortar la mano derecha del alguacil mayor que había intervenido en ella; y le retiró a nuestra comunidad la potestad que hasta entonces había tenido de aplicar justicia de sangre entre nosotros.

Desde ese nefasto asesinato, la vida de la aljama de Sevilla se hizo cada vez más difícil y entre los cristianos aumentó el rechazo al “pueblo deicida”, como nos llamaban los más intolerantes de sus sacerdotes. La furia aumentó también por las malas cosechas, el hambre y la miseria en que muchos quedaron después de pagar los impuestos que parte de nosotros cobrábamos a nombre del rey. Sólo estábamos seguros detrás de los muros de nuestra aljama. Los prominentes de nosotros, acostumbrados ya por siglos de persecución y rechazo, empezaron a tomar ciertas medidas para evitar saqueos, robos, palizas y violaciones de nuestra gente. Muchos fueron enviados a las fincas en las afueras. Las mujeres no podían salir solas y los hombres procuraban salir de día y en grupos. Mis padres muy preocupados hicieron los preparativos y me enviaron a estudiar con mis tíos de Toledo. Corría el año de 1391.

Mientras desayunaba mirando el sol de la mañana y las aguas del Guadalquivir, supo que había llegado el momento: regresaba a ella, por ella después de tantos peligros, y su corazón se aceleró 

Foto: El Callejón de la Judería es una de las salidas del barrio de Santa Cruz, que comunica el barrio con el Patio de Banderas.


viernes, 25 de enero de 2013

José Luis Díaz-Granados, gran poeta del país de los poetas






Tengo la suerte de venir del país de los poetas. Y entre ellos está José Luis Díaz-Granados, sencillamete grande.



VOYEUR
Desde este poema deseante
-ojo de la cerradura 
mi ojo te está mirando
y tú siempre estás desnuda.

ESPÍA
Hay alguien espiando a través de mis cortinas,
por el cerrojo de mi angosta puerta,
detrás de la ventana, detrás del árbol viejo,
sobre el techo, bajo las tablas de mi alcoba
hay alguien que me espía, que devora mis lápices
pero también mis sueños, hay alguien que me quiere
y no me quiere; alguien espiando muerde mi desdicha.
Hace mucho tiempo he venido sintiendo esa presencia
y ya me he ido acostumbrando a su pesada sombra.
Me acompaña a la mesa, me prepara los tintos,
bebe a mi lado, duerme, se desvela,
y desde ahora conoce todos mis secretos.
Alguien que me espía está escribiendo estas líneas.


EL RAPTO DE MIS SUEÑOS
¿Dónde estoy? Yo despierto
y no encuentro mis cosas.
¿He perdido las llaves
que me inducen al vuelo?
No me encuentro en mis libros
ni veo mi propio espejo
ni la dolida mesa
de los papeles ciegos,
ni las voces de siempre
ni mis zumos terrestres.
No me palpo a mí mismo,
pero tampoco he muerto.
No encuentro mis fantasmas
ni veo mi geografía.
Solo capturo ahora
avenidas inéditas
y una calle sin rumbo
por donde yo me pierdo
sin mis ángeles vivos.
Yo despierto y me duele
el rapto de mis sueños.



Bien podemos decir que la palabra nace del cuerpo, de esta carne situada en su pasión.
La percepción se hace así poesía, tan solo al ser nombrada: “En este angosto espacio de
mi alcoba / está escrito tu cuerpo”. Tales suelen ser los mejores momentos de la poesía
de Díaz-Granados. Y según era previsible, el poeta intuye alguna vez que su lirismo
verdadero solo podrá surgir en libertad”.
JAIME MEJÍA DUQUE



José Luis Díaz-Granados nació en Santa Marta, Colombia, en 1946. Es escritor, poeta, novelista, periodista cultural y profesor universitario. Ha trabajado como funcionario y  Jefe de Divulgación del DANE del Departamento Administrativo Nacional de Estadística hasta 1981.
Ha sido comentarista bibliográfico de “Lecturas Dominicales”, suplemento literario de “El Tiempo”, asesor del Contralor de Bogotá, asesor cultural para la Feria Internacional del Libro.
Asimismo ha colaborado como redactor del Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina (DELAL), Fundación Biblioteca Ayacucho, Caracas, Venezuela (1991) y como redactor de ensayos para la Colección “Guías de Lecturas”, de la Editorial Oveja Negra.  Asimismo fue miembro del Consejo Asesor para la Profesionalización del Artista, Ministerio de Educación Nacional desde 1991 hasta el año 2000.
Fue profesor de Literatura Colombiana en el Instituto Universitario de Historia de Colombia durante seis años.
Ha sido Presidente de la Casa Colombiana de Solidaridad con los Pueblos, de la Unión Nacional de Escritores (UNE) y del Instituto Cultural “León Tolstoi” y del Consejo Consultivo Mundial de la Unión Hispanoamericana de Escritores (2009).
También fue secretario de la Academia Hispanoamericana de Letras y Ciencias.
Ha colaborado como prelector y jurado en para el Premio Nacional de Novela, Ministerio de Cultura  y el Premio “Casa de las Américas”, La Habana, Cuba.
Como profesor impartió cursos de Técnicas Narrativas en el Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”, de La Habana, Cuba, fue profesor de la Cátedra “Octavio Paz” en la Maestría de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana y profesor del Seminario de Autor Colombiano “Luis Vidales” en el Pregrado de Literatura de la Universidad Javeriana, así como instructor del Seminario “Leyendo a Neruda, Poeta del Siglo XX”.
Ejerció de presentador del programa de televisión “Ventana al Libro”, dirigido por Eligio García Márquez.
En 2008 fue escogido como Poeta Homenajeado del XVI Festival Internacional de Poesía de Bogotá.“


Tomado de escritores.org