miércoles, 4 de marzo de 2020

No nos digamos mentiras


No nos digamos mentiras, no fue por cumplir con nuestro deber, ni porque teníamos compromisos anteriores y menos por ser valientes y dispuestos a todo por ser leales. No, lo nuestro no fue más, porque nos era más cómodo no seguir adelante, no arriesgar la monotonía que teníamos por lo desconocido, por un amor que quizá a mitad de camino ya no existiera. No fuimos para nada valientes ni leales, fuimos cobardes como la mayoría, como los millones que cumplen horarios, aportan a la seguridad, trabajan de ocho a cinco y en verano van al mismo sitio siempre. No fuimos capaces de creer en nuestro amor, en lo incierto, en lo desconocido...no fuimos capaces de ser nosotros mismos.

Ni tú ni yo hablaremos de nosotros con nadie más. Será nuestro secreto, nuestro recuerdo, nuestro olvido.

Cuando me miro al espejo miro a un tipo que se equivocó por no ser capaz de arriesgarse a ser feliz cuando la vida le dio la oportunidad.

No nos digamos mentiras, seguimos viviendo y a muchos les parece que somos felices, pero tú y yo nunca sabremos qué había más allá, donde el amor es rey, donde solo el deseo, el placer y la felicidad son el pan de cada día.
No importa, la vida continúa, continúa sin nosotros, sin amor o con otros amores y otros deberes...no importa. Cuando debimos ser, no fuimos.

He durado muchos años en aceptar y entender qué nos pasó y que dejamos que todo un universo, el nuestro, no fuera.

Pero a pesar de la realidad y la decepción, siempre siempre querré volver a despertar en ese día que por primera vez nos vimos.

lunes, 24 de febrero de 2020

Placeres




No temas a los dioses;
no te preocupes por la muerte;
Lo que es bueno es fácil de obtener
Anónimo



Mis placeres son sencillos: leer siempre; escribir todos los días; cocinar, charlar, reír, bailar, cantar y contarnos la vida una y otra vez en familia; charlar con otros; montar en bicleta y nadar en el verano; reír muchas veces al día; pensar; soñar; oír música; ir a cine o al teatro; desandar calles y ciudades; comer en la calle o en algún sitio inesperado entrar a un restaurante y dejarme sorprender y caminar. Caminar me anima siempre. Me quita la tristeza, los malos pensamientos y me devuelve la alegría, las ganas de ser. Hoy, como varias veces a la semana, caminé a orillas del Rin. Aunque el invierno tiñe de grises y ocres el paisaje, la vista siempre es estupenda. El Rin es un río vital. Navegan barcos de carga río arriba y río abajo, parejas, niños, viejos, jubilados, jóvenes enamorados y ciclistas van y vienen, los remeros en sus embarcaciones, las gaviotas volando y los patos nadando en busca de comida. De fondo el Drachenfels y las Siebengebirge. El Rin es ya parte del paisaje de mi vida. El sonido del agua, del tren en la orilla opuesta, las charlas de los transeuntes que se oyen y pierden, y el viento helado que siempre sopla del sur. El Rin y yo somos amigos, cómplices y ambos cada uno a su manera viajeros del tiempo.

domingo, 23 de febrero de 2020

Tengo 64 años




Cuando digo que tengo 64 años -ahora caigo en cuenta- en realidad de lo que estoy hablando es que ya no tengo 64 años de mi vida, pues ya los he vivido. Se fueron. Son pasado. No volverán. Que me quedan cada vez menos años por vivir. Que no se si serán muchos, pocos o apenas meses, semanas o días.

Cuando digo que tengo 64 años quiere decir que si ahora no hago lo que quiero, nunca lo haré. Y si insisto en hacer lo que no quiero, soy un pendejo.

He vivido 64 años y ojalá me queden los suficientes para hacer lo que al fin sé que quiero y puedo hacer.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Apuntes personales de la vida


Nunca seré famoso ni importante. Ni popular ni reconocido en la calle. He pasado por los años y me he empapado de ellos. Los he vivido con ganas, con alegría, con tristeza, con soledad y compañía. Desde niño quise vivir en mis propios términos, de la manera que yo creía que debía vivirse. No siempre lo logré. Un par de veces me traicioné y no fue buena idea. Aprendí que para bien o para mal solo puedo ser yo.

Hice tantas cosas que me hicieron feliz y a veces también hice feliz a otros. Bailé, reí, monte en cicla, nadé, caminé, corrí, jugué, recorrí caminos y ciudades, descubrí otros mundos y otras formas de pensar.

Tuve años horribles, dolorosos, que me marcaron para siempre. No faltaron las decepciones, los fracasos, las derrotas, la amargura y la enfermedad. Pero también los hubo maravillosos con triunfos, éxitos, dichas y amor. Rocé el poder y el dinero, caí en la pobreza. Y volví a surgir.

Viajé y me fui de Colombia. Me vine a estas tierras a orillas del Rin y construí de nuevo una vida. Una parte de mí siempre mira hacia Colombia y la otra mira el presente y el futuro en este país que ya es parte de mí.

He vivido lo que me fue dado y he procurado ser leal a mí y a los demás.

Nunca seré famoso ni importante. La vida me ha dado y quitado sin preguntarme jamás, ella es todopoderosa y yo trato de ser y hacer a mi manera. La vida es una expectativa y una incógnita. Da miedo y alegría. Duele siempre. Pero este oficio de vivir me gusta.

sábado, 14 de diciembre de 2019

Quiero creer

Quiero creer que existe alguien que es feliz, no con esa felicidad de las fotos de facebook, de las vacaciones, de la fiesta de fin de año ni del reencuentro con los compañeros del colegio o de la reunión familiar en la finca del tío. No la felicidad de las fotos, esa felicidad obligada de pertenecer a un grupo. No, quiero la felicidad auténtica del que lo es aún solo entre las cuatro paredes de su vida. Necesito que exista esa persona feliz que yo no soy y nunca he conocido.

Quiero creer que alguien no está solo en este mundo, que no sufre de esos mínimos cuarenta días al año que la vida nos condena a sentirnos solos. Necesito que exista.

Quiero creer que hay alguien en este mundo que no lleva esa tristeza que yo siento desde que pensé por primera vez, esa nostalgia de ser, esa melancolía de existir, de no poder ser completamente feliz, irremediblemente feliz.

Quiero creer que alguien en este mundo aún me ama y no lo sé.
Quiero creer que eres tú y que en cualquier momento doblarás la esquina en que el amor que lleva toda la vida esperándote en mí te encontrará.

Quiero creer que yo seré un día tu felicidad que tanto me hace falta. 


martes, 26 de noviembre de 2019

Lugano, el ayer y el amor



Nos prometimos que iríamos a Lugano. Que caminaríamos tomados de la mano. En cada esquina nos abrazaríamos y besaríamos una y otra vez. Nos sentaríamos a cenar al aire libre y luego iríamos a bailar. Al fin, bailar uno en brazos del otro, mirándonos a los ojos. Nos diríamos las mil palabras de amor que llevamos guardando para ese momento. Caminaríamos despacio a orillas del lago para sentir el alma de los dos. Nos prometimos hacer el amor cada noche mirando el lago y las luces reflejándose en el agua, con el canto de los grillos en el balcón y el aire tibio rodeando nuestros cuerpos. Subiríamos a Arogno para ver el lago a nuestros pies y almorzar un fondue de queso. Nos prometimos que pasaríamos los días más felices de nuestra vida. 

No sé si aún es posible, pero en mi memoria llevo esos días maravillosos de tus veintisiete años que fueron los mejores de nuestra vida. Nunca fuimos tan audaces, locos y felices. Fue perfecto.

Aún no hemos ido a Lugano, pero en el sueño del otro, tú a orillas del Garda y yo a orillas del Rin, hemos ido y sido felices varias veces.

miércoles, 2 de enero de 2019

Tantos nombres. Tanto amor.


Tantos nombres. Tanto amor. Tantas miradas. Tantos te quieros. Tantos besos. Tantas palabras de amor. Tantas esperanzas. Tantas noches apasionadas. Tantas charlas y risas. Tanto esconderse. Tanto buscarse. Tanto viajar. Tanto aparentar. Tanta soledad. Tanto silencioso. Tantas decepciones. Tantas veces volver a empezar. Tantas promesas. Tantas caricias. Tanto llanto. Tantos adioses. Tanta poesía. Tanta pasión. Tanto deseo. Tantas mujeres y pensar que nunca fuiste una de ellas. Tanto buscarte para nunca encontrarte.