Alemania es el prostíbulo de Europa. Acá tienen las leyes más “liberales” del continente. El negocio del tráfico de carne humana produce 14.500 millones de euros. El estado se hace el loco y no hace nada para evitar la trata de blancas manejado por mafias que negocian con jóvenes de Rumania y Bulgaria, especialmente. Las ciudades y pueblos reciben una buena tajada de los ingresos de la prostitución a través de los impuestos.
Se
trata de presentar al público la prostitución como un negocio
digno y legítimo en el que las mujeres trabajan, porque les gusta.
La pregunta es si a ellos, esos políticos y funcionarios hipócritas que están encantados con los impuestos que recogen del “negocio con carne humana” les gustaría que una mujer de su familia fuera prostituta o si supuestamente es tan voluntario su trabajo alguna de sus hijas les ha comentado que quiere ser parte de tan próspero negocio.
Los
políticos alemanes se rasgan las vestiduras porque hay mujeres
musulmanas que usan velo, pero callan que a la vuelta de la esquina
hay miles de mujeres prostituyéndose.
La
prostitución (no las prostitutas que son víctimas de la pobreza o
de las circunstancias) me parece un negocio abominable y los que
negocian en él delincuentes miserables.



