domingo, 23 de febrero de 2020

Tengo 64 años




Cuando digo que tengo 64 años -ahora caigo en cuenta- en realidad de lo que estoy hablando es que ya no tengo 64 años de mi vida, pues ya los he vivido. Se fueron. Son pasado. No volverán. Que me quedan cada vez menos años por vivir. Que no se si serán muchos, pocos o apenas meses, semanas o días.

Cuando digo que tengo 64 años quiere decir que si ahora no hago lo que quiero, nunca lo haré. Y si insisto en hacer lo que no quiero, soy un pendejo.

He vivido 64 años y ojalá me queden los suficientes para hacer lo que al fin sé que quiero y puedo hacer.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Apuntes personales de la vida


Nunca seré famoso ni importante. Ni popular ni reconocido en la calle. He pasado por los años y me he empapado de ellos. Los he vivido con ganas, con alegría, con tristeza, con soledad y compañía. Desde niño quise vivir en mis propios términos, de la manera que yo creía que debía vivirse. No siempre lo logré. Un par de veces me traicioné y no fue buena idea. Aprendí que para bien o para mal solo puedo ser yo.

Hice tantas cosas que me hicieron feliz y a veces también hice feliz a otros. Bailé, reí, monte en cicla, nadé, caminé, corrí, jugué, recorrí caminos y ciudades, descubrí otros mundos y otras formas de pensar.

Tuve años horribles, dolorosos, que me marcaron para siempre. No faltaron las decepciones, los fracasos, las derrotas, la amargura y la enfermedad. Pero también los hubo maravillosos con triunfos, éxitos, dichas y amor. Rocé el poder y el dinero, caí en la pobreza. Y volví a surgir.

Viajé y me fui de Colombia. Me vine a estas tierras a orillas del Rin y construí de nuevo una vida. Una parte de mí siempre mira hacia Colombia y la otra mira el presente y el futuro en este país que ya es parte de mí.

He vivido lo que me fue dado y he procurado ser leal a mí y a los demás.

Nunca seré famoso ni importante. La vida me ha dado y quitado sin preguntarme jamás, ella es todopoderosa y yo trato de ser y hacer a mi manera. La vida es una expectativa y una incógnita. Da miedo y alegría. Duele siempre. Pero este oficio de vivir me gusta.

sábado, 14 de diciembre de 2019

Quiero creer

Quiero creer que existe alguien que es feliz, no con esa felicidad de las fotos de facebook, de las vacaciones, de la fiesta de fin de año ni del reencuentro con los compañeros del colegio o de la reunión familiar en la finca del tío. No la felicidad de las fotos, esa felicidad obligada de pertenecer a un grupo. No, quiero la felicidad auténtica del que lo es aún solo entre las cuatro paredes de su vida. Necesito que exista esa persona feliz que yo no soy y nunca he conocido.

Quiero creer que alguien no está solo en este mundo, que no sufre de esos mínimos cuarenta días al año que la vida nos condena a sentirnos solos. Necesito que exista.

Quiero creer que hay alguien en este mundo que no lleva esa tristeza que yo siento desde que pensé por primera vez, esa nostalgia de ser, esa melancolía de existir, de no poder ser completamente feliz, irremediblemente feliz.

Quiero creer que alguien en este mundo aún me ama y no lo sé.
Quiero creer que eres tú y que en cualquier momento doblarás la esquina en que el amor que lleva toda la vida esperándote en mí te encontrará.

Quiero creer que yo seré un día tu felicidad que tanto me hace falta. 


martes, 26 de noviembre de 2019

Lugano, el ayer y el amor



Nos prometimos que iríamos a Lugano. Que caminaríamos tomados de la mano. En cada esquina nos abrazaríamos y besaríamos una y otra vez. Nos sentaríamos a cenar al aire libre y luego iríamos a bailar. Al fin, bailar uno en brazos del otro, mirándonos a los ojos. Nos diríamos las mil palabras de amor que llevamos guardando para ese momento. Caminaríamos despacio a orillas del lago para sentir el alma de los dos. Nos prometimos hacer el amor cada noche mirando el lago y las luces reflejándose en el agua, con el canto de los grillos en el balcón y el aire tibio rodeando nuestros cuerpos. Subiríamos a Arogno para ver el lago a nuestros pies y almorzar un fondue de queso. Nos prometimos que pasaríamos los días más felices de nuestra vida. 

No sé si aún es posible, pero en mi memoria llevo esos días maravillosos de tus veintisiete años que fueron los mejores de nuestra vida. Nunca fuimos tan audaces, locos y felices. Fue perfecto.

Aún no hemos ido a Lugano, pero en el sueño del otro, tú a orillas del Garda y yo a orillas del Rin, hemos ido y sido felices varias veces.

miércoles, 2 de enero de 2019

Tantos nombres. Tanto amor.


Tantos nombres. Tanto amor. Tantas miradas. Tantos te quieros. Tantos besos. Tantas palabras de amor. Tantas esperanzas. Tantas noches apasionadas. Tantas charlas y risas. Tanto esconderse. Tanto buscarse. Tanto viajar. Tanto aparentar. Tanta soledad. Tanto silencioso. Tantas decepciones. Tantas veces volver a empezar. Tantas promesas. Tantas caricias. Tanto llanto. Tantos adioses. Tanta poesía. Tanta pasión. Tanto deseo. Tantas mujeres y pensar que nunca fuiste una de ellas. Tanto buscarte para nunca encontrarte. 

lunes, 31 de diciembre de 2018

Cuento con un posible final perfecto



Es treinta y uno de diciembre. Llueve. Las últimas horas de este año caen sobre la ciudad y en silencio desaparecen. El cielo está nublado y la gente se recoge con sus tristezas y alegrías en sus casas. 

En mí hay optimismo por el mañana. Pues cada año que comienza puede ser una segunda oportunidad. Difícil que algo cambie, pero en mí, siempre por esta época, hay un atisbo de esperanza que me dice que la magia existe, que todo es posible. 

Así que hoy a medianoche, exactamente a medianoche, te preguntaré si quieres que nos veamos, que volvamos a reír y a charlar. Quizá, para al fin ser felices. 

domingo, 28 de octubre de 2018

No sé si es bueno o es malo eso de tener 63 años.

Es increíble que ya tenga 63 años. ¿Cómo puede ser que ya sea tan viejo? No sé si es bueno o es malo eso de tener 63 años.

También es sorprendente que acepte con tanta tranquilidad lo que el tiempo ha hecho conmigo: un viejo más. 


He leído, hablado, debatido y aprendido mucho, pero no estoy seguro de ser más sabio. Veo menos, me muevo menos. Hace tiempos que no bailo. Ya nunca corro. 


Me río igual. Pero a veces hay cierta amargura en la risa. Me gusta vivir, pero no sé si a la vida le interese eso mucho. 


Tengo menos temores y más certezas. No creo en pendejos ni descrestadores ni motivadores, ni nadie me puede echar cuentos chinos. Soy más tranquilo. Más aburrido, también.
Lo jarto de esta edad es que uno se vuelve invisible para muchos. 


He corrido con suerte y tengo una salud buena. Pero eso no quiere decir nada. Mañana todo puede cambiar en un instante. Y eso también es ser viejo. 


Lo bueno es que ahora procuro no hacer nada que no me gusta ni aceptar lo que sé que no está bien. 


No sufro porque le caiga bien o mal a las personas.
Hago lo que me gusta. Y eso antes casi nunca lo hice. Tampoco lo lamento porque tenía otros deberes y yo era otro. Era joven.


Me gusta caminar y cuando puedo nado. 


No pretendo nada diferente a vivir lo mejor posible y a opinar sobre lo divino y lo humano siempre. 


No me quejo de mi vida, ni de la pasada ni la presente. Hubo momentos buenos, regulares y horribles. Han podido ser mejores o peores. Pero es absurdo molestarse por ello. 


Hubo épocas en que me creí el dueño del mundo, pensaba que nada era imposible para mí; también tuve mañanas en que no quise despertarme nunca más. Tengo heridas que ya sanaron, pero a veces duelen, que nunca superaré. 


Amé y me amaron. Luego, fui feliz y di felicidad y sufrí e hice sufrir.


Conozco la felicidad, la tristeza, el dolor, la pérdida, el triunfo, la derrota, la abundancia y la escasez, la soledad y la compañía. 


He conocido a todo tipo de personas. Me es fácil hacer amigos, pero siempre he preferido la distancia con los demás. 


Hay personas que me aman sin condiciones, otras que me quieren de verdad, algunas que me estiman y aprecian. No puedo querer más. Aunque claro que quiero más, así soy. 


Hoy tengo 63 años y me parece muy bien. Estar vivo siempre es la posibilidad de que a la vuelta de la esquina se encuentre uno con el sueño de la vida. 


Y si algo detesto, son los pendejos que dicen que uno no es viejo por la edad, sino por como se siente.


Yo espero que hasta ahora sólo lleve el 63% de mi vida vivido. 


Si tener 63 años es bueno o malo, no lo sé.