jueves, 26 de diciembre de 2013

Yo habito la soledad







Yo habito la soledad la mayor parte del año. Me gusta estar conmigo. Solo y conmigo. Tengo tantas cosas que hacer conmigo, que no me queda mucho tiempo para otros.

Yo disfruto la vida que hay en mí. Mi verdadera vida, ese que soy cuando estoy solo.
Yo amo a las personas que me aman. Y para ellos siempre estoy. Pero los que me aman saben que yo vivo en mí. Y me dejan tranquilo.

Vivo en el universo de mis sueños y en el ando como José Vicente por su casa. Allí soy feliz. Casi tan feliz como cuando estoy entre tus brazos.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Septiembre





Si yo pudiera elegir viviría en septiembre. Siempre en septiembre. El mundo parece más tranquilo, más mío en una tarde cálida de septiembre. Los días son largos y las noches se pueden dormir charlando en el balcón. La luna se acerca más en las noches y las estrellas me miran curiosas. Todo es mejor en estos días. Septiembre es ideal.

No hay como so
ñar que la vida mía se pudiera detener en este mes y yo pudiera bajarme del tiempo para quedarme a vivir en sus campos floridos.

¿Qué sería de mí si no existiera al menos una vez al año ese tiempo maravilloso llamado septiembre?

Y si yo pudiera amarte mil veces más, mi vida sería un septiembre eterno.


martes, 17 de diciembre de 2013

Los lápices y tú






De mis días de arquitectura me quedó la fascinación por los lápices, por su olor, por la magia que tienen, porque son una prolongación de nuestras ideas y sueños. Con un lápiz y un blog de papel periódico puedo crear otros mundos, esos mundos que habitas en mi mente.
Con un lápiz puedo trazar una línea de palabras que lleven mis sueños al centro de tu corazón.

Con un lápiz y tú, mis sueños son invencibles.

sábado, 14 de diciembre de 2013

El discurso de Petro en la Plaza de Bolívar





Me leí el discurso completo de Petro. Y quedé fascinado por su capacidad de abarcar la historia de Colombia en un sólo hombre: él. A Petro le cabe el país entero en su ego privilegiado. En la plaza de Bolívar asistimos al nacimiento del primer santo de la política. El es un mártir, él es todos nosotros, es nuestra salvación. Ha nacido el mesías de Colombia.
San Petro es un gran pensador y un pacifista. Y como todo pensador y pacifista es la salvación de la democracia.
Uno de los momentos más honestos y conmovedores es cuando habla de su voto por el procurador:
 yo hasta por convicción propia voté por el Procurador para demostrar que la diferencia es posible en el Estado, pero no podemos ser ingenuos, ellos no nos tratan de la misma manera, ellos negocian con la democracia, ellos manipulan la Constitución.
Lo dicho, Petro es un santo.
Luego ese momento en que él con su generosidad inigualable permite que todos hablen diciendo:
Quiero que seamos conscientes de la decisión que vamos a tomar, la decisión es convertir esta plaza en el gran ágora de la democracia en Colombia, “
Una maravilla esa llamada al debate de la plebe en la que el único que habla es él. Si eso no es democracia, entonces ¿qué lo es?
Y cuando demuestra que a él no le importa el puesto ni siquiera el sueldo. Nunca había visto un político más desinteresado, entregado por completo a su causa:
es el momento de cambiar la historia de Colombia, que aquí hay gente dispuesta a asumir el compromiso, que lo que nos emociona aquí no es un puesto, no es un salario, el salario se lo podemos regalar al Procurador.
Es probable que el procurador acepte, porque por el camino que va pronto se quedará sin puesto.
Y sus conocimientos de la actualidad son ejemplares:
Yo voy hasta donde ustedes me digan, si vamos a ir adonde queremos, hacia la paz y la democracia, tenemos que saber lo que tenemos que hacer en estos días, esta es la Plaza Tahrir de Colombia, aquí debe comenzar una revolución democrática y pacífica,
Las manifestaciones de la Plaza Tahir terminaron en el gobierno fundamentalista de los hermanos musulmanes y luego en una dictadura militar. Mi Petro no es sólo santo, sino un sabio.
Y acá se vuelve a lucir con sus conocimientos de la historia de Colombia:
Fui aprendiendo que este tipo de élites que gobiernan este país eran capaces de matar por su codicia, que no habían entendido lo que significaba la palabra democracia, que antaño unos jóvenes rebeldes, Nariño, Santander, Caldas, Camilo Torres, Bolívar, nos habían enseñado.”
Gracias al gran historiador que es San Petro hoy sabemos que
Nariño, Santander, Caldas, Camilo Torres y Bolívar no eran la élite de entonces y menos aún, los antepasados de la élite actual.
Si eso no es sabiduría, no sé entonces qué lo es.
Y cuando enumera el sinnúmero de atrocidades que los “fascistas” han cometido con el pueblo con gran pudor y grandeza evita nombrar las atrocidades de las guerrillas con el pueblo colombiano.
Y su momento máximo es cuando no nombra para nada el Palacio de Justicia donde los héroes del M-19 dando una demostración de prudencia y realismo político se lo tomaron y casi acaban con las cortes y el país entero. Es que la guerrilla toda es de santos como San Petro.
Y ese otro momento en que los guerrilleros (Sólo ellos, en esa constituyente no estaban Alvaro Gómez, Horacio Serpa,etc.)  “la generación de la paz, hiciera la Constitución que aún hoy está vigente.” Hoy al fin sabemos que la Constitución actual fue hecha sólo por los guerrilleros. Eso explicaría que prohibieran la extradición de los mafiosos. Obviamente esa parte sí la hicieron los “fascistas”.
En definitiva un gran discurso. Es más, un tratado de realidad incuestionables que hacen de este ser humano excepcional que es Petro nuestro primer santo político.
Y su visión política al identificar su destitución con los deseos de la derecha de acabar los diálogos de la Habana y su sentido crítico al evitar que la masacre cometida por las Farc en Inzá sea quizá una causa de que esos diálogos sean vistos con malos ojos. Fue brillante, justo y realista. Es mi San Petro.


Yo espero que sus seguidores sigan peregrinando todos los días a la Plaza de Bolívar para adorar a nuestro santo súbito. 

lunes, 4 de noviembre de 2013

Cuando el otoño regresa



Cuando el otoño regresa con sus rojos, sus dorados y sus naranjas, cuando los vientos son fuertes y las lluvias se suceden una tras otra, cuando las bandadas de pájaros vuelan al sur, cuando las hojas caen sin desmayo y nos quedamos solos, sin nada salvo nuestra memoria, siento la tristeza como un coro de voces lejanas que vienen de otros mundos.

La tristeza parece el quejido de las cuerdas del chelo que ya no tocas, que has dejado olvidado en esta casa que sin ti no es nada. Me lleno de silencios que cantan, que llevan cada nota maravillosa de tu nombre y se forman canciones mudas que me siguen por donde voy.

Cuando el otoño regresa, la vida se llena de la música triste de los ausentes.

Mi olvido inolvidable




Llevo años atesorando olvidos. No sé si son sólo de amor y desamor o de alegría y tristeza . Sólo sé que son olvidos y por el espacio que ya no ocupan supongo que son muchos. Como muchas son las cosas que cada día nos pasan.

Son como un río que recorre mi memoria y la vacía de recuerdos. Una corriente que va a un lugar de mí donde sólo se acumulan olvidos. La suma de lo que ya no es en mi vida. Esa nada que dejan los hechos y las personas que alguna vez se cruzaron conmigo.

Pero tengo un olvido único y distinto. Esa  sensación de que quizá tú estás desde mucho tiempo en mi memoria, que caminas mi vida, pero que ya no me recuerdo. Ni siquiera sé con certeza si eres tú o es otra.

Pero cuando te veo algo en mí aletea, cree recordarte. Siento que es el irremediable deseo de que seas parte de mis sueños. Mi memoria, aunque no te recuerde, te extraña cuando te miro.

Al verte sé que siempre, aun si nunca te volvieras realidad, serás mi olvido inolvidable.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Pensamientos al borde de mí mismo



Me cansa esto de escribir para quién sabe quién. Me cansa esta costumbre de vivir en este mundo paralelo que cada vez más me dice menos. Me cansa no sentir interés por nada de lo que no pasa en este mundo irreal donde tantos dejan huellas que a otros no les importan.

Me cansa pensar en ella ahora que ya no está, que ya no es. 
Me cansa tener costumbres que no dejo a pesar de que ya no me importan. 
Me cansa casi todo, porque quiero salir a caminar bajo la lluvia, a desandar la noche y a dejar que la vida me envuelva al cruzar una esquina cualquiera.
Pero sobre todo me cansa contar las horas que faltan para que tú regreses a mí y me salves de esta soledad.